Suele coincidir que, tras un día apático, llega uno de mierda.
Por supuesto el día 2 de febrero de 2016 no iba a quedar por debajo de las expectativas.
Para empezar, lo he dejado.
Estoy harta. Harta de que se me incrimine mi personalidad, que se usen mis flaquezas como argumento contra mí, y más harta aún de tener que tragar porque precisamente viene de parte de alguien que, se supone, me aprecia.
Será que no me dejo ayudar.
Supongo.
No me va mal cuando me saco yo las castañas.
Aquí algún alumno aventajado en la escuela del "sabelotodismo" saltará rápido con que apenas he tenido problemas, y que quizás por eso me creo tan fuerte. Que vivo en el mundo feliz. Je.
Pues será.
Me da igual.
Ahora mismo me da igual, de verdad.
Me he hecho inmune incluso a los sentimientos más puros.
Me da igual.
Y qué triste es...
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